Aquellos que caen al suelo, suelen enredarse en los
cordones de los mocasines lustrados; los que corren la fortuna de flotar, se
prenden a la sonrisa de alguna dama morena o a los cabellos de los niños.
Directamente proporcional a las veces que
hayas inflado un globo, será la frecuencia con la que te encuentres con una
parte tuya, por ahí, en cualquier lugar
entre la gente.
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