Rodolfo tiene tiempo. Va al mercadito, y saluda con
un "Buen día" bien pronunciado. En el
pueblo apenas lo conocen pero todos se esmeran en devolver la gentileza.
Elige con paciencia lo que va a llevar; yerba,
un dulce de leche, y levadura. Quiere hacer pan casero para la merienda.
Camina tranquilo, mira las baldosas, distingue los árboles,
escucha a un Benteveo y su canto le provoca risa. “…Bicho feo, bicho feo…”.
Rodolfo piensa sonriendo - ¿De dónde me conoce el pajarraco éste?
La casa es sencilla, pero tiene lo necesario. Un
amor, un gato, una chimenea, un jardín. ¿Qué más puede necesitar un hombre? Sus días ahora pasan vívidos, sutiles, sin
apuro, con canciones y cielos bien abiertos.
Hace dos meses se marchó de la ciudad, hace dos
meses que se eligió a pesar de los pronósticos tremebundos que le adjudican a
aquel que toma grandes decisiones. Y ahora, está un paso adelante de quienes
corren, porque él, ya no tiene apuro por llegar.
Fanny López.

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