No te lamentes Joaquín,
yo no estoy preso, puedo irme cuando quiera, nada altera mi elección vital de
poseerme, ni representa en mi estado
ninguna sensación contradictoria.
Soy plenamente mío porque no soy de nadie,
porque tengo filas y columnas de mundos ordenados alfabéticamente. Ayer estuve corriendo por el abrasivo calor de
medio oriente, fui ladrón y supe contar historias, hoy al despertar anduve
durante horas en una golondrina mensajera de un príncipe de buen corazón. Esta tarde tengo pensado dar un
largo paseo en globo y mirar la tierra desde la levedad del aire.
Yo no estoy preso de esta
vejez, te lo aseguro. Lo que mis piernas ya no pueden darme, lo encuentro entre
los párrafos. Soy una sinécdoque de lo que podríamos ser. Un punto y coma expectante de la siguiente
oración.
Yo no estoy preso te lo
asevero, mi alma es libre, mientras tenga ojos. Y aunque se me privase de la
vista, aun tendría el recuerdo de aquellos universos; y cuando ya no tenga ni
ojos, ni recuerdos; tendré la eternidad imaginada de todas las historias que
supieron contenerme.
Viajará suelta mi alma entre los pájaros, hasta materializarse en el desvelo inspirado de algún escritor. Reencarnaré
y seré letra, seré color y turbulencia.
Ya no te lamentes,
Joaquín. Me mantendré soberano de mis sueños, y evocando esta promesa, dispondremos
un capítulo de un libro cualquiera, donde volver a encontrarnos siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario